domingo, 1 de mayo de 2022

Centenario de Jack Kerouac

 



 

Jack Kerouac


 

INTRODUCCIÓN DEL AUTOR


NOMBRE: Jack Kerouac.

 NACIONALIDAD: franco-americano.

LUGAR DE NACIMIENTO: Lowell, 12 de marzo de 1922.

EDUCACIÓN (escuelas a que concurrió, cursos especiales de estudios, títulos y años): Lowell (Mass) Escuela Superior; Escuela Masculina Horace Mann; Colegio de Columbia (1940-42); Nueva Escuela de Investigación Social (1948-49). Artes Liberales (sin títulos) (1936- 1949). Obtuvo un sobresaliente en inglés con Mark Van Doren de Columbia (curso shakesperiano). Suspendido en química en Columbia. Tuvo un promedio de 92 en la Escuela Horace Mann (1939-40). Fue jugador de fútbol, corredor de carreras a pie, jugador de baseball y de ajedrez.

CASADO: ¡No!

HIJOS: No.

RESUMEN DE OCUPACIONES Y TRABAJOS PRINCIPALES: Todos. Enumeremos: pinche de cocina en barcos; ayudante de estación de servicio; marinero; cronista deportivo (Lowell Sun); guardafrenos de ferrocarril; guionista de la 20 th Century Fox de Nueva York; dependiente en un bar; empleado en los talleres del ferrocarril; empleado en los equipajes; recolectador de algodón; peón de mudanzas; aprendiz metalúrgico del Pentágono en 1942; guardabosque en 1956; albañil (1941).

INTERESES:

HOBBIES: Inventé mi juego de baseball propio, con naipes, extremadamente complicado, y estoy dedicado a jugar una temporada de 154 partidos con ocho clubs, con todos los requisitos y todos los promedios de tantos, E.R.A., etcétera.

DEPORTES: He jugado todos, excepto tenis, lacrosse y remo.

ESPECIALIDAD: Las mujeres.

POR FAVOR, HAGA UN BREVE RESUMEN DE SU VIDA:

Tuve una hermosa niñez; mi padre era un impresor de LoweIl, Mass.; vagué por los campos y riberas de los ríos noche y día; escribí novelitas en mi cuarto, la primera a los once años; también un extenso diario, y tuve un periódico donde hablaba de mis imaginarios mundos de las carreras, el baseball y el fútbol (como figura en la novela El doctor Sax). Tuve una buena educación primaria gracias a los jesuitas de la Escuela Parroquial de San José, de Lowell, que más tarde me permitió pasar al sexto grado en la escuela pública; de niño fui a Montreal, Quebec, con mi familia; el alcalde de Lawrence (Mass.), Billy White, me dio un caballo a los 11 años, y en él montaron todos los muchachos de la vecindad; el caballo se escapó. Di grandes paseos bajo los viejos árboles de Nueva Inglaterra, por la noche, en compañía de mi madre y mi tía. Escuché con atención sus chismes. Decidí ser escritor a los 17 años bajo la influencia de Sebastián Sampas, joven poeta local que luego murió en la playa de Anzio; a los 18 años leí la vida de Jack London y decidí ser también un aventurero, un viajero solitario; mis primeras influencias literarias fueron Saroyan y Hemingway; más tarde Wolfe (cuando me rompí una pierna jugando al fútbol con los estudiantes de primero, de Columbia, leí a Tom Wolfe y vagué con muletas por su Nueva York). Influido por mi hermano mayor, Gerard Kerouac, que murió a los 9 años en 1926, cuando yo tenía 4, quise ser un gran pintor y dibujante (él lo fue, y también un santo, como dijeron las monjas) (como figura en la próxima novela Visions of Gerard) Mi padre era un hombre completamente honrado, lleno de alegría: en los últimos años se amargó durante la época de Roosevelt y murió de cáncer del bazo. Mi madre vive aún; yo vivo con ella una especie de vida monástica que me ha permitido escribir tanto. Pero también escribí en los caminos, como vagabundo, ferroviario, exiliado mejicano y viajero por Europa (corno se demuestra en la presente obra). Mi hermana, Camufle, está casada con Paul E. Blake, de Henderson, N. C., técnico antiproyectiles del gobierno; tiene un hijo, Paul, mi sobrino, que me llama tío Jack y me quiere. Mi madre se llama Gabrielle; aprendí de ella la forma natural de contar historias, por sus largos relatos acerca de Montreal y New Hampshire. Mi familia es oriunda de Bretaña, y a mi primer antepasado norteamericano, el Darán Alexandre Louis Lebris de Kerouac de Cornwall, Bretaña (1750, aproximadamente), le hicieron una concesión de tierras a lo largo de la Riviere du Loup, después de la victoria de Volfc sobre Montcalm; sus descendientes se casaron con indias (mohawks y caughnawagas), convirtiéndose en cosecheros de patatas; el primer descendiente de los Estados Unidos fue mi abuelo Jean-Baptiste Kerouac, carpintero, de Nashua. El padre de mi madre era un Bernier emparentado con el exploraclor; por mi línea eterna todos son bretones; mi madre tiene un nombre normando, L’Evesque.

Mi primera novela formal fue The Town and the City, escrita, por una tradición de trabajo y revisión, en tres años, de 1946 a 1948, y publicada por Harcourt Brace en 1950. Entonces descubrí la prosa “espontánea” y escribí The Subterraneans (El ángel subterráneo) en tres noches, y On the Road (En el camino) en tres semanas.

Leí y estudié solo toda mi vida. Establecí un récord en el Colegio de Columbia, por no asistir a las clases, a fin de permanecer en el dormitorio escribiendo una pieza teatral diaria y leyendo a Louis Ferdinand Celine, en lugar de a los “clásicos” del curso.

Tengo independencia de criterio. Se me conoce como “loco, vagabundo y ángel” de “prosa desnuda”. También soy poeta, Mexico City Blues (Grove, 1959). Siempre he considerado que escribir era mi deber en la tierra. También el predicar la bondad universal, que los críticos histéricos no han sabido advertir bajo la frenética actividad de mis novelas realistas acerca de los “rebeldes” de post-guerra. Yo no me considero un “rebelde”, sino un místico católico, extraño, solitario y loco...

Planes finales: retiro en los bosques, escribiendo con tranquilidad en la vejez, maduras esperanzas del Paraíso (que de todas maneras nos llega)...

Mi queja favorita es el mundo contemporáneo; la comicidad de la gente “respetable”... que, por no tomar nada en serio, están destruyendo los viejos sentimientos humanos, más viejos que Time Magazine . . . Dave Garroway riéndose de las palomas blancas...  

POR FAVOR HAGA UNA BREVE DESCRIPCIÓN DEL LIBRO, DE SU ALCANCE Y SU FIN TAL COMO USTED LOS VE.

El viajero solitario es una colección de escritos publicados e inéditos, todos los cuales tienen un tema común: los viajes.

Los viajes comprenden los Estados Unidos de la costa sur a la costa este, de la costa oeste al lejano noroeste, y además México, Marruecos, África, París, Londres, los océanos Atlántico y Pacífico, en diversos barcos, y las gentes y ciudades interesantes que he conocido.

El trabajo del ferrocarril, el de marino, el misticismo, el trabajo de la montaña, la lascivia, el egocentrismo, la autocomplacencia, las corridas de toros, las drogas, las iglesias, los museos, las calles de las ciudades, el conjunto de una vida vivida por un libertino sin dinero, independiente y educado, que va a cualquier parte.

Su fin y su propósito es sencillamente poesía, o descripción natural.

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Tomado de: El viajero solitario. Buenos Aires: Editorial Losada, 1965, pp. 7-10.

martes, 19 de abril de 2022

Edith Södergran

 






Edith Södergran: Sombra del porvenir


Nota y versiones de Javier Sologuren

 


Descendiente de una familia sueca de Österbotten (Finlandia), Edith Södergran, la poeta más original del lirismo finlandés en lengua sueca, nació en San Petersburgo en 1892, hoy Leningrado, y murió en Raivola, un pequeño pueblo de la Carelia finesa, el 23 de junio, la víspera de San Juan, de 1923. Llegó a contar, pues, tan sólo treintaiún años; la mitad de este lapso la vivió atenaceada por la enfermedad. Pocos acontecimientos se destacan en su dolorosa y monótona existencia: un viaje a Suiza, en compañía de su madre, para internarse en un sanatorio, otros que le permitieron conocer algunos países, un corto tiempo de estudios en un liceo de Helsinki. Pese a la precariedad de sus recursos materiales, el último decenio de su vida transcurrió tranquilamente en Raivola.

Su vida, su verdadera vida, se decidió en el ámbito profundo de su sensibilidad y en la triunfal perspectiva de sus sueños y anhelos. De esas fuentes procedieron sus poemas, publicados en cinco breves libros (Poemas, 1916; La lira de septiembre, 1918; El altar de rosas, 1919; Sombra del porvenir, 1920; El país que no es, aparecido póstumamente en 1925) y recogidos en un solo volumen en 1940, en Helsinki, bajo el título de Poemas de Edith Södergran. Las Cartas de Edith (Estocolmo, 1955) constituyen la colección completa de las que la poeta dirigió, entre 1919 y 1923, a su entrañable amiga y confidente Hagar Olsson, escritora y crítica notable, sensible a las nuevas formas expresivas y perspicaz comentarista de la obra poética y epistolar de Edith Södergran.

Ya en sus iniciales Poemas se advierten las constantes de su creación: raigal, pánico sentimiento de la vida; exaltada comunión con la naturaleza; honda preocupación por los misterios de la existencia y la muerte; certidumbre del poder inagotable del amor y la belleza; verbo inspirado, novedoso y libre. Son estas últimas notas las que sitúan cimeramente su obra desde el plano significante y las que le aseguraron influyente rol en la poesía joven de Finlandia. En una nota preliminar a su colección manuscrita La lira de septiembre, había escrito:

“Nadie puede negar que lo que escribo es poesía, pero no quiero sostener que es verso. He tratado de llevar ciertos obstinados poemas a un ritmo y así he descubierto que únicamente bajo completa libertad, es decir, a expensas del ritmo, tengo el poder de la palabra y de la imagen. Mis poemas deben verse como descuidados bocetos. En cuanto al contenido, dejo a mi instinto construir lo que mi intelecto contempla en tranquila expectativa. Mi confianza en mí misma se basa en que he descubierto mis dimensiones. No me conviene menospreciarme.”

 

Con estas sencillas y claras palabras, Edith Södergran llegaba a la médula misma de la mejor concepción del poema contemporáneo aventurado en la libertad, corriendo siempre el riesgo del fracaso en su busca de certezas, de las verídicas facciones del rostro inaprensible de la realidad. Aquilató el valor de la palabra y la imagen haciéndose, al margen de las restricciones normalizadoras, espíritu y mensaje. Entre sus lecturas juveniles se hallaba Nietzsche; supo así, por éste y por su propia y penosa experiencia, que la sangre es espíritu cuando se escribe con ella. Su instinto, es decir, su pobre sangre fatigada, pero combatiente tenaz y lúcida, le hizo accesible la palabra poética, lejos, bien lejos de la tinta.

Edith Södergran ha sentido y vivido, uno a uno, los pasos de su muerte, la injuria cruel de la enfermedad que la fue minando. Su relación más estable y duradera ha sido, no nos es difícil imaginarlo, con su propio cuerpo yacente, su escenario, el paisaje inmediato a sus ojos, donde éstos vieron el desmedro. Así, en el curso de este desvelo, el cuerpo se le ofrecía en su misterio, en su ardiente fragilidad:

 

El día entero estoy acostada en espera de la noche,

la noche entera estoy acostada en espera del día,

estoy acostada en mi lecho de enferma en el jardín del paraíso.

Sé que no sanaré, nostalgia y languidez no sanan jamás.

Tengo fiebre como una planta de los pantanos,

rezumo sudor dulce como una hoja húmeda

["Días enfermos"]

 

Al compás de las fluctuaciones de su estado morboso, su poesía oscila pendularmente entre el desaliento y la esperanza, pero también alcanza resignada serenidad. Hagar Olsson destaca el increíble coraje, moral y físico, demostrado por Edith Södergran al enfrentarse a la vida, la enfermedad y la muerte.

En La lira de septiembre y sus siguientes libros va a encenderse el canto de la vida liberada, vencedora del sufrimiento y de la muerte. En esos poemas flamea el poder profético y visionario de Edith Södergran. Ella, que se ha purificado en el dolor, a su vez “sueña con liberar al mundo y purificarlo”. Percibe la magnitud de los cambios profundos que la guerra del 14 iba a producir, la dimensión ecuménica del conflicto, a diferencia de la impresión que se tenía en Escandinavia en el sentido de que éste era pasajero y, una vez cesado, las cosas volverían a su antiguo y habitual orden. Así en el poema “La tormenta”:

 Ahora la tierra vuelve a cubrirse de negro. Es la tormenta

que se levanta desde los abismos nocturnos…

 

El paisaje de Raivola, bosque de alerces y lago, se halla presente, como lo han señalado Gunnar Ekelöf, uno de los más grandes poetas suecos, y Hagar Olsson, en los poemas de Edith Södergran. Árboles, pájaros ribereños, última flor de otoño, todo enjambra en ellos con melancólico gozo. En los elementos naturales encuentran no sólo sus símbolos y emblemas, sino los incentivos para poder seguir viviendo. Cuántas veces, en sus momentos de convalecencia, en sus parciales recuperaciones, habrán sido los hallazgos bienhechores, para sus ojos deslumbrados: el sol vuelto a sentir en sus espaldas, la luz nuevamente encendida en las flores, el agua otra vez cantando. Edith los contemplaría como desde la otra orilla, sabiéndose más que nadie viadora de la muerte.

 De todo nuestro mundo soleado

no deseo sino un banco de jardín

donde un gato tome sol…

Allí estaré sentada

con una carta contra mi pecho,

una sola carta pequeña.

He aquí cómo es mi sueño.

 

Añoranza, anhelo, nostalgia, por sobre la integridad de sus poemas, reverberando en ellos su pozo de impregnante pena. Pero contra todo abandono, contra todo desmayo, Edith Södergran opuso la indoblegable fuerza de su voluntad puesta al servicio de su perfección moral y de su mensaje poético. Verso a verso, imagen tras imagen, se fue creando a sí misma con un poderoso e interno dinamismo compensatorio de su inevitable daño corporal. Del trato con su poesía nos queda algo así como la imagen de esa viva llama que brota de la materia en trance de aniquilamiento. Lumbre que fue algo más que hermosos resplandores. Revelación de su verdad humana y personal: “Mis poemas son para mí el camino hacia mí misma”.

Edith Södergran fue el impulso más decisivo en la avanzada del modernismo en el período posterior a 1914, tal como se le ha reconocido con plena justicia. Y esto se debió, creemos, a algo que suele olvidarse a menudo y que Hagar Olsson (una vez más necesariamente citada) lo ha señalado en forma lapidaria: “Ella tenía la inspiración fuerte y básica, más segura que el gusto más exigente y la mente más crítica.”

 

La vida

Yo, mi propia prisionera, he aquí lo que digo:

la vida no es la primavera vestida de terciopelo verde claro,

ni una caricia, raramente recibida,

la vida no es una decisión de partir,

ni dos brazos blancos que nos retienen.

La vida es el círculo estrecho que nos tiene prisioneros,

el círculo invisible que no franquearemos jamás,

la vida es la felicidad próxima que nos huye

y mil pasos que no nos decidimos a dar.

La vida es despreciarse a sí mismo

y estar inmóvil en el fondo de un pozo

y saber que el sol brilla allá arriba

y que pájaros de oro atraviesan el cielo

y que los días vuelan rápidos como flechas.

La vida es hacer un breve gesto de adiós, volver a casa y dormir…

La vida es ser un extraño para uno mismo

y una nueva máscara para todos los que vienen.

La vida es maltratar su propia felicidad

y rechazar el instante único,

la vida es creerse débil y no atreverse.

 

El dolor

La felicidad no tiene canciones, la felicidad no tiene pensamientos,

la felicidad no tiene nada.

Vuelca tu felicidad para que se quiebre, pues la felicidad es mala.

La felicidad llega muy suavemente como el zumbido de la mañana

en la espesura dormida.

La felicidad huye en nubes ligeras sobre las profundidades azul sombrío,

la felicidad es el campo que duerme bajo el ardor del mediodía

o el infinito del mar bajo la quemadura de rayos verticales,

la felicidad es importante, duerme y respira y no sabe de nada.

¿Conoces el dolor? Es fuerte y grande, puños secretamente apretados.

¿Conoces el dolor? Sonríe de esperanza, los ojos enrojecidos por las lágrimas.

El dolor nos da todo aquello que necesitamos,

nos da las llaves del imperio de la muerte,

nos empuja por la puerta cuando dudamos todavía.

El dolor bautiza a los niños y vela con la madre

y forja todos los dorados anillos de boda.

El dolor reina sobre todos, alisa la frente del pensador,

pone la joya en el cuello de la mujer deseada,

está en la puerta cuando el hombre sale de casa de su amada…

¿Qué más da el dolor a los que ama?

No sé más.

Da flores y perlas, da canciones y sueños,

nos da mil besos que están vacíos,

da el único beso que es verdadero.

Nos da nuestras almas extrañas y nuestros gustos singulares,

nos da los premios mayores de la vida:

el amor, la soledad y el rostro de la muerte.

 

¿Qué hay mañana?

¿Qué hay mañana? Tal vez tú no.

Tal vez otros brazos y un nuevo contacto y un dolor semejante…

Te dejaré con una certeza sin igual:

Volveré como una parte de tu propio dolor.

Vendré a ti de otro cielo con una nueva decisión.

Vendré a ti de otra estrella con la mirada igual.

Vendré a ti con mi antiguo anhelo en otros rasgos.

Vendré a ti extraña, mala y fiel

con los pasos de un felino de la patria desértica de tu corazón.

Me combatirás dura e impotentemente

tal como se combate su destino, su felicidad, su estrella.

Sonreiré y arrollaré hilos de seda en uno de mis deseos

y esconderé el pequeño ovillo de tu destino

en los pliegues de mi traje.

 

El secreto de eros

Vivo rojo. Vivo mi sangre.

No he renegado de Eros.

Mis rojos labios arden en tus helados

altares de sacrificio.

Te conozco, Eros,

no eres ni hombre ni mujer.

Eres la fuerza

que, agazapada en el templo,

al levantarse -más indómita que una algarabía-

lanza sobre el mundo

las certeras palabras del mensaje

desde la puerta del templo omnipotente.

 

El cuerpo del fuerte

Yo sé, yo sé que venceré.

Me llamen como quieran, sea quien fuera que me espere,

soy la estrella del futuro.

Me he despertado en un trono antiquísimo;

por debajo de mí, manos maravillosas tienden anchos velos de seda.

El misterio circula por mis venas.

El misterio, te reconozco, yo el antimístico,

el enemigo del fantasma.

Los misterios no tienen límites precisos,

los misterios no tienen nombre manifiesto,

el misterio surge en el cuerpo del fuerte

al ir a la acción ciego de embriaguez.

 

Pensamientos sobre la naturaleza

Vida y muerte vemos con los ojos, sol y luna son.

Así se extienden a través del universo los soles vivificantes, las  lunas

mortales, las tierras sometiéndose a vida y muerte.

En torno de todo lo que yace enfermo, la luna va hilando su red  hasta que, una

hermosa noche, el plenilunio viene a recogerlo.

Moribundas criaturas de la naturaleza aman a la muerte, añoran  el momento en

que la luna habrá de recogerlos.

A la naturaleza le es familiar la muerte, cada noche la vive.  Se somete al

embrujo tanto del sol como de la luna.

La muerte es un dulce veneno -putrefacción, pero no hay nada malsano en la

muerte. La naturaleza es la salud misma y percibe la muerte tan saludable como

la vida.

En la putrefacción está la suprema belleza y el demonio es la máxima bondad de

Dios. Admirable es la veloz obra de destrucción en el otoño.

La naturaleza está bajo la protección de Dios. El demonio no tiene poder sobre

la naturaleza. La naturaleza es la predilecta de Dios.

Si no nos convertimos en criaturas de la naturaleza, no iremos al cielo, pues

los secretos religiosos son secretos de la naturaleza. No se sentían a gusto en

los templos judíos, pero si con la ignorante criatura de la naturaleza quien

simpatiza con los lirios de Sharon.

El camino de la naturaleza hacia Dios es el directo, eterno y objetivo, sin

casualidad exterior.

El corazón humano que busca a Dios tiene que luchar contra la subjetividad, pues

el corazón empieza más allá de la subjetividad. Pero está protegido el camino de

la naturaleza.

 

Los árboles de mi infancia

Los árboles de mi infancia se yerguen altos en la yerba

y sacuden sus cabezas. ¿Qué has hecho de tu vida?

Las filas de pilares son como reproches; ¡Indigno, pasas bajo nosotras!

Eres una niña y debes perder todo,

¿por qué a la enfermedad estás encadenada?

Te has hecho mujer, extraña, odiosa.

Cuando eras pequeña tenías con nosotros largas conversaciones,

tu mirada estaba llena de sabiduría.

Quisiéramos decirte el secreto de tu vida:

la llave de todos los secretos está oculta en la yerba bajo los frambuesos.

Quisiéramos golpearte la frente, a ti que duermes,

quisiéramos despertarte, muerta, de tu sueño.

 

Retorno

Los árboles de mi infancia, exultando de júbilo, me rodean ¡oh ser humano!

y la yerba me da la bienvenida del país extranjero.

Apoyo la cabeza en la yerba: al fin, ya de vuelta.

Ahora le doy la espalda a todo lo que está detrás de mí:

mis únicos compañeros serán el bosque, la playa y el lago.

Ahora bebo sabiduría de la jugosa copa del abeto,

ahora bebo verdad del tronco reseco del abedul,

ahora bebo poder de la yerba más pequeña y más tierna:

un poderoso protector me tiende, piadoso, la mano.

 

Mañana de noviembre

Cayeron los primeros copos.

Íbamos conmovidos por donde las olas

escribieron sus runas en la arena

del lecho del río. Y me dijo la ribera:

Mira, caminaste aquí de niña

y yo soy siempre la misma.

Y el aliso cabe el agua es siempre el mismo.

Di, ¿por dónde anduviste en extraños países

y aprendiste las maneras?

¿Y qué ganaste? Absolutamente nada.

Sobre este suelo avanzarán tus pies,

he aquí tu círculo mágico, desde las candelillas

de los alisos

te llegan la certeza y la respuesta

a los enigmas.

Y alabarás a Dios que te permite

hallarte en su templo

entre árboles y piedras.

Y alabarás a Dios que hizo que cayera

la venda de tus ojos.

Ínfima puedes estimar

toda sabiduría vana,

porque el pino y el brezo son ahora tus maestros.

Trae aquí a los falsos profetas, los libros engañosos,

encenderemos en el pequeño valle cabe el agua

llameante, alegre, una fogata.

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Fuente: http://hablardepoesia-numeros.com.ar/numero-9/edith-sodergran-sombra-del-porvenir/.

 

 

jueves, 14 de abril de 2022

Ezra Pound

                                                     

                                            


                               EZRA POUND


 

CANTO XLV

 

 CON USURA

 

Con usura ningún hombre puede tener una casa con buenos cimientos

Cada piedra cortada pulida y bien engarzada

Cuyo diseño sea protector

Con usura

Ningún hombre puede tener un paraíso pintado en los muros de su iglesia

Harpes et luz

O un lugar donde la virgen reciba el mensaje

Y el halo se proyecte en una incisión,

Con usura

Gonzaga no tiene ni herederos ni concubinas

Ninguna imagen está hecha para durar ni para que ayude a vivir

Sólo son hechas para venderse y venderse rápido

Con usura se peca contra la naturaleza,

Será tu pan como un harapo

Será tu pan seco como el papel,

No habrá abundante cosecha, ni harina fuerte

Con usura la propiedad nos divide

Con usura no hay demarcaciones claras

Y no hay hombre que pueda encontrar lugar para su morada

Al picapedrero se le quita la piedra

Al tejedor su telar

CON USURA

La lana no llega al mercado

Las ovejas no dan ganancia con usura

Usura es peste, la usura

Entumece la aguja en la mano de la doncella

Y detiene la destreza del hilandero.

Pietro Lombardo no fue por la usura

Duccio no fue por la usura

Ni Piero Della Francesca, Zuan Bellini tampoco por usura fue

Ni La Calumnia fue pintada.

No fueron por usura Angelico, no fue Ambrosio Praedis,

Ni puede haber una iglesia con un grabado en la piedra que diga: Adamo me fecit

No fue por usura San Trófimo

No fue por usura San Hilario

La usura herrumbra el cincel

Herrumbra a la artesanía y al artesano

Roe el hilo en el telar

Nadie transforma en oro su diseño,

El azur sufre de cáncer por la usura, el carmesí es imposible de bordar

El esmeralda no llega a manos de Memling

La usura asesina al niño en el vientre

Impide el cortejo entre jóvenes

Lleva impotencia al lecho, yace

Entre los recién casados

CONTRA NATURAM

Han traído putas para Eleusis

Los cadáveres han sido preparados para el banquete

Por pedido de la usura.

lunes, 28 de marzo de 2022

El rito de cocinar

 






Cocinar es un rito que humaniza

 

                                                   A pesar de la cultura gastronómica circundante y del valor que

                                        tuvo el pasar de lo crudo a lo cocido, se cocina cada vez menos en el hogar.

 

 Por Carolina Reymundez

 

 

 

 

La televisión muestra más shows culinarios que nunca, la alta cocina se sofistica y los chefs son estrellas mediáticas, todos con su libro bajo el brazo. Sin embargo en los últimos años la cocina de cada día se simplificó: se come rápido y se cocina menos. “Comemos como vivimos. Pobres y ricos, todos comemos mal. Hoy, las condiciones de vida conspiran contra el consumo de lo fresco”, señala la antropóloga alimentaria Patricia Aguirre en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la UBA donde presenta el libro Cocinar y comer en Argentina hoy, del que es coautora junto a Diego Díaz Córdova y Gabriela Polischer. La escuchan alumnos de nutrición, de medicina; estudiantes interesados en la alimentación. Gente preocupada por la alimentación.

 

El libro es una investigación exhaustiva sobre el comer cotidiano en la actualidad y en la Argentina en particular: a qué se llama comida, cuáles son las formas de preparación, cómo es la comensalidad. Para realizarlo se trabajó con una selección de mujeres y hombres de diferentes sectores de ingresos que cocinan en los hogares en distintas regiones del país.

 

Uno de los principales cambios que los autores observaron a partir de las entrevistas es el empobrecimiento de las preparaciones cotidianas, en las que domina el calentar sobre el cocinar. “Este empobrecimiento deriva de las relaciones sociales que restan importancia al evento alimentario, haciendo que el tiempo dedicado a la cocina sea socialmente percibido como menos importante que el dedicado, por ejemplo, a ver televisión”, destacan los autores entre las conclusiones principales. Atravesamos una época dominada por el picoteo, los desarreglos alimentarios, la obesidad y enfermedades ligadas a la nutrición, y es la misma época del discurso salubrista en los medios, la especificación extrema de la comida (carnívoros, vegetarianos, pecetarianos, veganos), los “alicamentos” (alimentos vistos como medicina, como el yogur con calcio) y la expansión de los ultraprocesados, cada vez más baratos.

 

“Obviamente, el fenómeno de la falta de cocina casera cada vez es más global, y más aún en los países desarrollados. Está íntimamente relacionado con el rol de las mujeres, el hecho de que salgamos a trabajar fuera del hogar, etc. Por eso, en Europa comenzó hacia los años 50 y aquí hacia los 70”, sostiene la antropóloga Gabriela Polischer. En el trabajo de campo para realizar el libro se encontraron con que muchas mujeres no soportan la cocina rutinaria. “La cocina de varias comidas al día es la que desgasta. Entonces, terminan haciendo minutas. Ya no preparan una salsa, abren una lata”, agrega.

 

En ese punto, el mercado les facilita lo que necesitan. Lo marcó el antropólogo alimentario Marvin Harris hace treinta años: “En grado cada vez mayor, lo que es bueno para comer es lo que es bueno para vender”. La alimentación también preocupa a Vandana Shiva, filósofa y física india –famosa por combatir a Monsanto– que estuvo en la Argentina en el 3º Festival Internacional de Cine Ambiental. Afirmó que no toda la comida rápida es comida basura. Para ella, la cocina comunitaria es la llave para comer bien. “Las mujeres que no trabajan están libres para apoyar a las que tienen trabajo. Así, la cocina comunitaria, igual que las huertas comunitarias, tienen que ser la solución para afrontar las carencias de tiempo, de recursos, de no saber cómo se cocina”.

 

Comer en solitario

 

Cuenta Michael Pollan que en cierto momento de la madurez descubrió que la respuesta a muchas cuestiones que lo inquietaban era siempre la misma: cocinar. Esas cuestiones podían ser tan variadas como de qué forma conectarse con su hijo adolescente, cómo adquirir mayor conocimiento del mundo natural, cómo convertir el sistema alimentario en algo más saludable y sostenible. El periodista y best seller estadounidense es un referente del movimiento gastronómico hacia una cocina consciente. En su libro Cocinar (Debate) habla de la cocina como transformación y de recuperarla para restaurar el balance en nuestra vida.

 

La palabra cocina es polisémica: designa a la vez el espacio físico donde se prepara la comida, el artefacto donde se cuece y el modelo que sintetiza consumos y conductas. En Cocinar , Pollan aborda los tres sentidos. Escribe sobre la transformación de los alimentos a través del fuego, el agua, el aire y la tierra y prepara cuatro recetas, tal como lo hace también en la serie documental Cooked, de Netflix, donde se lo ve con las manos en la masa. Asa un cerdo entero, hace pan, recorre su país en busca de los maestros y visita Australia, Marruecos y México para conocer tradiciones culinarias; sale al campo a ver los cultivos y muestra el producto en su forma original. Al final de cada capítulo de Cooked, el periodista comparte la receta hecha plato con amigos. El televidente ve que la pasan bien, ríen, charlan, disfrutan mientras comen. No es raro que lo vea en solitario, comiendo frente a la tele.

 

Para Claude Flischler, sociólogo del Instituto Nacional de Investigaciones de Francia y autor de El omnívoro (Anagrama), la cocina se trivializó. Está en todos lados, no necesita preparación ni ceremonia. Fischler contrapone la gastronomía a la gastro-anomia de hoy: comer sin sentido. “Comer no es otra forma de consumo como comprar ropa o un auto, es algo que se hace socialmente, por eso hablamos de comensalidad, se comparte la mesa y la comida. La mesa familiar tiene, además, una dimensión educacional. La comida es la ocasión en la que se les enseña a los chicos algunas reglas básicas de convivencia, solidaridad, comportamiento, prioridades”, sostuvo en el marco de “La paradoja del apetito”, una conferencia sobre comida, en EE.UU.

 

Algunos recordarán su mesa de niños, quizás sin poder levantarse hasta que el padre, entado en la cabecera, lo ordenara o teniendo que comer hasta el último bocado de una comida que quizás no les gustaba. Otros evocarán las historias que se contaban en la mesa, el sabor del guiso de la abuela, las recetas transmitidas de boca en boca, las bromas, las peleas. Incluso la grieta forma parte de la comensalidad. Una comensalidad que, según los expertos, está en retirada. Primero se redujo de cinco comidas a tres (además, el almuerzo va perdiendo importancia) y hoy predomina la comida en solitario.

 

Cocinar nos hace humanos

 

Hace dos millones de años, los primates que nos precedieron dedicaban gran parte de su día y energía a masticar alimentos crudos, con cáscara, hojas duras. Según la teoría del antropólogo y primatólogo de la Universidad de Harvard Richard Wrangham, el control del fuego y la cocción de los alimentos están asociados a los cambios fisiológicos en el Homo erectus:  mandíbulas, dientes y aparato digestivo más chicos y cerebro más grande. “Cocinar nos hace humanos, alrededor del fuego nos volvimos más dóciles”, afirma Wrangham.

 

No se sabe con exactitud cuánto tiempo pasó desde que se controló el fuego hasta que se cocinó por primera vez. “Puede haber sido una semana o diez generaciones, pero es probable que haya ocurrido hace 1,9 millones de años con el descubrimiento del fuego. Obviamente no hay un paso cognitivo muy grande de controlar el fuego a cocinar”, sostiene. En la película La guerra del fuego (Jean Jacques Annaud, 1981), que muestra la lucha de los humanos primitivos por el fuego, la idea de cocinar el alimento comienza con un trozo de carne que se cae accidentalmente al fuego.

 

El primero que cocinó no era del todo humano –prehomínido–, vivía en África y lo que cocinó fue algo muy simple y parecido a la manera en que se cocina cuando uno está de camping: en el fuego. Se asaban raíces y tubérculos que se volvían más tiernos y apetecibles. “Al cocinar, los homínidos saltaron del medio animal al medio social propio del hombre”, señaló el biólogo español Faustino Cordón, autor de Cocinar hizo al hombre (Tusquets). En 1964, con Lo crudo y lo cocido Claude Lévi-Strauss tomó los estados culinarios como metáfora de la transformación humana a partir de la naturaleza cruda –no elaborada– en cultura cocida. Y con el fuego llegó la fabricación de herramientas, las anécdotas de caza, el lenguaje, el nombre, el significado.

 

En esta era estamos separados del fuego. El estado culinario dominante es una abstracción: la comida preparada, lista para comer, que se relaciona con la naturaleza por medio de las imágenes que se ven en el paquete. En este contexto, las corporaciones hacen su negocio –hoy se comen básicamente tres cereales (arroz, maíz y trigo) que provienen de semillas genéticamente modificadas–, y el gusto y la nutrición quedan en último lugar.

 

Cómo se come

 

“La alimentación está en crisis. La producción está en crisis (no es sustentable), igual que la distribución (hay hambre) y también el consumo (se está rompiendo la comensalidad)”, continúa Patricia Aguirre en la presentación de su libro, en el horario de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria que se dicta hace cuatro años en la Facultad de Medicina.

 

En el libro Cocinar y comer en Argentina hoy se determina, por ejemplo, el fondo de especias característico de nuestro país: sal, pimienta, orégano, pimentón, ají molido y limón, que por su magnitud de uso también se incluyó como saborizante. Es lo que usaban las abuelas para cocinar; sin embargo las nietas lo desconocen y resumen en sobrecitos de “condimentos preparados”. Así, el condimento para pizza se usa en las lentejas, la carne al horno o el puchero.

 

El Mofad –Museo de la Comida y la Bebida de Brooklyn– exhibe por estos días un recorrido por el sabor artificial ( Flavor: Making It and Faking It ), una industria de 25 billones de dólares que experimentamos casi siempre que comemos.

 

Para Gabriela Polischer estamos ante una época de confusión y bombardeo de discursos. “Por un lado me dicen que hay que comer frutas, verduras y yogur y por otro me venden el alfajor doble grandote. Hoy hay contradicciones acerca de lo que es comida. Alguien puede comer un sándwich al mediodía y volver a la noche al hogar y decir que no comió. Porque para ser percibido como comida debe poseer una elaboración, una consistencia, algo que remita a lo casero”, señala.

 

Los entrevistados en Comer y cocinar en Argentina hoy coinciden en que “la madre de todas las comidas es la hecha en casa”. Sin embargo, la fábrica avanza sobre la cocina y se olvidan de los sabores que generan pertenencia. Salvo, por lo menos en la Argentina, el asado. Los domingos al mediodía todavía huele a asado. Los amigos y la familia se reúnen alrededor del fuego y, en esa instancia, la comensalidad no está perdida.

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Fuente: Revista Ñ <https://www.clarin.com/rn/ideas/Cocinar-rito-humaniza_0_SkgyIK_DQe.html